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Del romance andalusí se sabía muy poco hasta mediados del siglo XX. Teníamos testimonios en documentos de algunos autores y, sobretodo, glosarios con un importante número de palabras.

 

Pero sólo sabíamos algo de léxico y a veces no del todo seguro. Algunos glosarios, como los documentos notariales toledanos o el Vocabulista en arabigo de Pedro de Alcalá recopilan el árabe de poblaciones ya conquistadas. En estos casos, algunos romancismos puede que sean realmente castellanismos. El caso es que no haber sido por el descubrimiento de las jarchas romances nunca habríamos sabido cómo conjugaban los verbos, qué adverbios y preposiciones utilizaban y cómo realizaban las frases .

 

Las jarchas, sacadas de contexto, parecen poemas similares a los haiku japoneses, pero no son composiciones independientes. Son sólo un par de versos finales de poemas en árabe clásico llamados muwaššaḥ. En su mayor parte se escribían en árabe andalusí, pero en unas pocas ocasiones se utilizó el romance o una mezcla de ambos. Algo más de la mitad se han encontrado escritas en alifato árabe y el resto en hebreo. En alguna ocasión se ha encontrado la misma marcha escrita en dos muwaššaḥ diferentes, y a que eran cancioncillas populares que corrían por todo al-Andalus.

 

Tradicionalmente se ha querido ver en las jarchas una conexión con la lírica romance del resto de Europa. No solamente con los villancicos castellanos y las cántigas de amigo galaico-portuguesas, también con la poesía trovadoresca provenzal. Federico Corriente fue el primer investigador que puso las jarchas romances en el contexto de la poesía árabe. Al adaptar estos textos as la métrica tradicional árabe, es cuando se han podido transcribir con más acierto. Al fin y al cabo, sólo una mínima parte de las jarchas se escribieron en romance. Incluso en estas ocasiones, se solían alternar con el árabe dialectal. Por eso no tiene mucho sentido relacionarlas con otras formas poéticas cristianas cuando, para colmo, el andalusí no tuvo casi ninguna influencia del resto de romances. El cejel de Ibn Quzman tiene un buen número de romancimos, pero en general se trata de palabras sueltas. Sólo en ocasiones escribió frases completas en romandalusí, pero ni tan largas ni tan complejas como en el caso de las jarchas.