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Los artículos determinados e indeterminados tendían a mantener la vocal final del masculino, otro de los típicos rasgos conservadores del romandalusí (unu, elli). Esta característica aún la tenía el castellano medieval.

 

Más llamativo aún es el haber conservado el pronombre enfático ipse-a-ud (evolucionado a essi-a-o). Casi todas las lenguas latinas han evolucionado del latín vulgar *metipsimus (mismo) excepto el romandalusí, al que tal innovación no llegó por su aislamiento (como tampoco lo hizo en rumano)

 

 

Los demostrativos sólo marcaban dos grados de distancia y el de lejanía era escasamente utilizado. Esta característica, que comparte con el francés, se produjo sin embargo por la influencia del árabe.

 

 

Una parte importante de las preposiciones son análogas a las del resto de lenguas romances, sin embargo algunas fueron tomadas del latín clásico. Por ejemplo, al-Andalus fue el único territorio donde se conservó el latín “retro” y “extra”, que en las lenguas romances son cultismos tomados posteriormente. Otras preposiciones, sin embargo, son producto de la influencia árabe. “junto a” y “hasta” se adaptaron de la morfología semita a la romance, llevando ésta última a las lenguas iberorromances.

 

 

La preposición “de” solía omitirse por influencia árabe. No podemos achacar que en el castellano oral se produzca el mismo proceso a un recuerdo del romandalusí, sino que hoy en día es una caída fonética, típica del español que pierde la /d/ intervocálica.