El romance de Al-Ándalus es uno de los primeros documentados. En época de Abderramán III ya hay referencias al léxico en romance y las primeras manifestaciones literarias (las jarchas) son anteriores en dos siglos a las castellanas (El Cantar del Mio Cid). Es célebre la anécdota del califa rimando la palabra árabe qul (dijo) con la romance cul (culo)

Sin embargo, fue la instauración del califato la que comenzó a relegar al romance. Con Abderramán III comienza la arabización cultural andaliusí y el predominio del árabe como lengua. El propio poeta cordobés Ibn Quzmán dejó escrito cómo en su vejez ya apenas se hablaba romance en la capital (falleció en 1160)

Federico Corriente, uno de los más grandes arabistas que ha tenido España y el mayor estudioso del romance andalusí que ha habido, añadió la cuestión sociológica. Hablar árabe era sinónimo de poder pagar una educación, por lo que el romance se consideró la lengua de los iletrados, quedando arrinconada a la casa y el ámbito rural. Aún así es asombroso que sobreviviera hasta el siglo XIII, teniendo en cuenta que es la única lengua romance islámica que aguantó hasta donde pudo el empuje de la cultura árabe.

Los andalusíes realmente tuvieron poco apego a su lengua romance. Fue el árabe el factor cultural que les daba identidad de grupo frente a los conquistadores del norte. De hecho, las comunidades mozárabes de los territorios conquistados mantuvieron como lengua el árabe en vez del romance.

Para los andalusíes, ni siquiera la lengua que hablaban la percibían diferente del latín. No era ya otro idioma, sino la modalidad oral del latín literario. Así pues, a su lengua la llamaban “latinu”, “latini” o “latiní” mientras que en lengua árabe se llamaba “aljamía” (extranjero).

 

Es importante aclarar que no era la lengua de los cristianos. Aunque se conoce como lengua mozárabe, realmente era la lengua de toda la población, desde el mendigo hasta el califa, independientemente de su religión. De hecho, los autores con más testimonios escritos en lengua romance fueron Ibn Quzman (musulmán) y Yehuda Halevy (judío) y el mismo rey poeta Almutamid escribió versos la lengua latina andalusí. La confusión la creó Francisco Javier Simonet a finales del siglo XIX al bautizarla con ese nombre. La ideología ultra-nacionalista del momento quería creer que había una raza hispánica que sobrevivió a los musulmanes. Estos españoles por supuesto eran cristiano y, faltaría más, hablaban castellano. De ahí que se considerara la lengua de los mozarabes y una variedad del castellano.

Glosario de Simonet

La confusión prosiguió cuando se descubrieron las primeras jarchas, porque de esa manera sería el castellano quien ostentara el honor de ser la lengua romance con las primeras manfestaciones líricas de todas. Ya en la segunda mitad del siglo XIX quedaba claro que era una lengua diferente que, además, no pertenecía al subgrupo ibero-romance ni occitano-romance.

La lengua fue sobreviviendo hasta los almohades, quienes con su intransigencia religiosa, cultural y lingüística sentenciaron a una de las primeras lenguas romances en documentarse. El botánico Abuljair, ya en el siglo XIII documenta que a los antiguos del lugar les costaba reconocer los nombres en romance de las plantas. Él ya no hablaba la lengua, pero los lugareños a duras penas. Confundían la palabra "veinte" con "vientre" o incluso con el griego "penta"

El romance andalusí estaba ya tocado de muerte.