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GRAMÁTICA         PRINCIPITO
 
 

La editorial Tinenfass ha editado la traducción de El principito al Romance andalusí.

 

No es sólo una traducción más de tantas que se han hecho. Es además la primera vez que se escribe un texto en romance andalusí en casi un milenio. Y tampoco es un idioma más, puesto que es la lengua en la que se escribieron los primeros poemas en romance de la historia. A partir de ahí no hubo nada. La lengua se extinguió, si bien dejando el material directo o indirecto suficiente como para poderse prudentemente reconstruir.

 

El romance no fue nunca la lengua de prestigio en Al-Andalus, por lo que no se desarrolló una manera normativa de escribirse. No ha habido ni un organismo que regulara su uso ni una tradición literaria que fuera formando un canon. Es cierto que con el vocabulario con el que contamos no era posible traducir

 

El Principito, pero realmente ninguna otra obra. Tampoco podríamos escribir una nueva historia. No porque no contemos con suficiente vocabulario, sino porque éste no pertenece al registro culto o literario. El paso de la tradición oral a la literaria es una fase por la que han pasado todos los idiomas. En esas ya se toparon en su momento Alfonso X con respecto al castellano e incluso Cicerón con el latín. Ambos vieron la necesidad de dotar de un empaque elevado lo que en ese momento era una lengua de guerreros, campesinos y pastores.

 

Por supuesto que no me estoy comparando con ellos, pero la situación a la que me he enfrentado no es tan diferente. Lógicamente a diferente escala.

 

Conocemos los nombres de las plantas, de los animales, alimentos o de las partes de la casa porque en romance andalusí sólo existía el vocabulario del día a día. Para las ideas abstractas, técnicas o literarias no hubo una sola palabra. Así, para poder traducir este libro me he visto obligado a recurrir al latín o al árabe clásico para suplir las carencias de una lengua que no se planteó tener literatura

 

Esta afirmación puede resultar contradictoria, al fin y al cabo hemos dicho que los primeros poemas en lengua romance se escribieron en Al-Ándalus, las conocidas “jarchas”. Para entender la paradoja hay que saber que éstas se usaban como contraste para terminar de manera vulgar una composición culta. Aunque casi siempre echaron mano del árabe coloquial, a veces recurrieron a su romance. Esta excepcionalidad lo salvó del olvido y nos da cuentas de lo vulgar que era considerado La otra pregunta que puede surgir es en qué romance andalusí escribir, presuponiendo que no hubiera unidad en su lengua latina. En efecto no la había, como no la hay en ningua otra lengua, pues un idioma es al final la suma de sus variedades.

 

Lo cierto es que andalusíes como Abulḫair ya citaron la existencia de un romance franco para todo Al-Ándalus y, por lo que nos ha llegado, las divisiones dialectales no fueron muy acuciadas (exceptuando la franja norte, que parece más bien un habla de transición con los romances cristianos). Las jarchas se escribieron a lo largo de toda Hispania, pero siempre reflejan el dialecto de prestigio: el cordobés. Aun así, tampoco es que podamos hablar de que hubiera una lengua normativa Así pues, como nadie ha dicho cómo escribir, he escogido mi propio estilo, escribiendo según las opciones que he considerado

 

En romance andalusí, la caída de la vocal final era optativa. De hecho, se añadía vocal incluso en palabras que nunca la tuvieron el latín (como el perfecto -ad, del latín -aut, que aparece documentado también -adi, seguramente por influencia del imperativo) Personalmente he preferido mantener la vocal final, por mera cuestión de estilo y porque parece que fue la tendencia en Al-Ándalus para que pareciera “más latino” frente al árabe. Por eso mismo, ante la opcionalidad del imperativo -adi/-ati, me he decantado por la segunda manera. De lo contrario se confundiría con el perfecto El plural femenino se realizaba indistintamente -as y -es. Las jarchas siempre recurren a la forma en -as, por lo que es la que hemos escogido. También evita la ambigüedad con el plural en palabras acabadas en -i. Es decir, ʃeɲiori y ʃeɲora (señor y señora) harían ambos el plural en -es, no pudiéndose especifical el género en ese caso El artículo no se había terminado de fijar y no siempre se utilizaba.

 

Nosotros lo hemos mantenido, dejando el artículo árabe principalmente para los arabismos También hubo la tendencia contraria al resto de romances occidentales en lo que a las consonantes oclusivas se refiere. Si en las lenguas vecinas las sordas sonorizaban, en Al-Andalus las sonoras ensordecían. Por eso, cuando una misma palabra presenta la opcionalidad sorda/sonora, (ʎongu, ʎonku), hemos optado por la sorda. No siempre es la consonante etimológica, pero sí parece de mayor gusto en Al-Andalus Hemos tratado de mantener las influencias del árabe sobre el romance que se han documentado. Por ejemplo, que en determinadas circunstancias no haya concordancia de número entre sujeto y verbo o sustantivo y adjetivo.

 

La omisión del relativo y del verbo copulativo sigue también las pautas del árabe Así pues, como nadie ha dicho cómo hay que escribir en andalusí, lo he hecho yo. Eso sí, dejando claro y con honestidad que esta sólo es mi propuesta vocabulario.

 

Ya sea directa o indirectamente, gran parte del vocabulario en romance andalusí está documentado, al menos en lo que respecta al vocabulario básico. Siempre que ha sido posible, hemos recurrido a una palabra de la que haya constancia. Aún así, no manejamos el suficiente léxico como para traducir una obra como El Principito. Vocabulario de uso común, como despertar, parecer, reír o responder no está documentado. En este caso, no hemos tenido más remedio que tirar de su reconstrucción. Estas palabras han sido tratadas de dos modos.

 

La mayor parte la mantenemos como cultismos, por lo que hemos dejado la raiz latina intacta. Así, procesos evolutivos como la palatalización de s/l inicial o la caída de las vocales átonas se han mantenido al margen. Pese a que conozcamos bien los procesos etimológicos de esta lengua, tampoco podríamos asegurar el resultado de la evolución de estas palabras. Ni siquiera que hubieran estado presentes finalmente en romance. De una palabra como el latín ovum hubiéramos esperado la evolución en *ovu. Sin embargo, en romance andalusí evolucionó en la sorprendente forma obgu. Esto es así porque la lengua andalusí fue muy caprichosa en sus preferencias léxicas y tantas veces optó por soluciones únicas, alejada de lo que fue común en el resto de la romanía. Por poner un ejemplo, es prácticamente seguro que la palabra persona en latín, diera *pessona en Al-Ándalus y que solus diera *ʃolu, pero nos hemos curado en salud manteniendo el cultismo. Porque, no olvidemos, también esperábamos que ovum diera *ovu y nos hubiéramos equivocado.

 

Por otra parte, de algunas palabras tenemos constacia de su raíz, por lo que reconstruir su forma romance se ha podido hacer con notable seguridad. Sólo en casos muy determinados hemos romanceado palabras cuya morfología era prácticamente idéntica a otros vocablos ya presentes en los textos andalusíes. Por ejemplo, sabemos que simila (sémola) dio ʃemra en romance, por lo que similare (parecer) tuvo que dar la misma evolución. La fonética del romance andalusí prácticamente no varió con respecto a la del latín final. Por ejemplo, sabemos que /k/ ante vocal ya se pronunciaba /χ/ en la Hispania visigoda, por esa razón en los cultimos mantenemos la pronunciación que tenían no en latín clásico, sino en latín tardío (y como lo hubieran pronunciado los andalusíes realmente). Es cierto que los andalusíes escribían los préstamos latinos tal cual. Toxicus en latín era toksiku en los documentos andalusíes, pero no debía ser la pronunciación real. Pasa hoy en día en castellano con los cultimos entrados a partir del siglo de oro. El latinismo óptimo se pronuncia “óbtimo” y actuar, “agtuar”. Y así, todos.

 

Por último, los términos astronómicos los hemos tomado del árabe romanización El romance andalusí fue una lengua de lo más singular por muchas razones. Quizá lo más sorprendente es que fuera el único descendiente del latín que nunca se escribió en alfabeto latino. Los primeros textos se redactaron en alfabeto hebreo y ya posteriormente en el árabe.

 

La escritura latina se ciñó exclusivamente a los textos en latín, que siguieron escribiéndose copiosamente en Al-Andalus. No obstante, para su trabajo y difusión, el andalusí ha sido romanizado desde su descubrimiento Los primeros estudios del romance andalusí recurrieron a la ortografía castellana, que fue desechada más tarde por la trasliteración pura y dura en alfabeto fonético. Nosotros no hemos hecho ni una cosa ni la otra. Tratando de evitar la compleja trasliteración fonética, hemos hecho una trascripción tal y como se transcribía en alfabeto latino en la mismísima Al-Ándalus.

 

Ya durante el propio imperio romano se debatió si adaptar el alfabeto latino a las novedades fonéticas que se iban produciendo. Incluso Cicerón inició diferentes estudios sobre el tema. En el Siglo II ya había empezado a producirse los primeros cambios sonoros que el alfabeto convencional no podía representar. Por ejemplo, los grafitos de Pompeya ya reflejan las primeras palatalizaciones del latín.

 

En Al-Ándalus se vio la necesidad de escribir según se pronunciaba en determinadas ocasiones. Por ejemplo, en las crónicas mozárabes, los nombres propios árabes se escriben reflejando, en la medida de lo posible, la pronunciación de éstos El principal documento, en lo que a trascripción fonética andalusí se refiere, es la llamada “tabla astrológica bilingüe árabe-latín”. En esta tabla se traduce y buen número de palabras sueltas y casi un centenar de frases árabes al latín. Lo más importante de todo es que se especifica su pronunciación en letra latina. Hay que resaltar que no es muy diferente a las adaptaciones del resto de romances altomedievales, antes de que la reforma carolingia fijara y unificara la ortografía de la Romanía occidental

 

K siempre reflejaba /k/ C representaba /tʃ/, aunque en ocasiones también se utilizara para /k/

 

SC ya desde los textos visigodos representaba /ʃ /. En las crónicas mozárabes encontramos también SCI para este fonema, como hoy el italiano

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La caligrafía visigótico-mozárabe del momento utilizaba la i larga para representar /j/ y así no confundirla con la i vocálica (/i/). La i larga era similar a una i mayúscula o una L, pero con una serifa o remate superior hacia la izquierda. Esta variación de I ya no existe tipográficamente, por lo que la hemos “reproducido” usando el acento grave (ì)

 

/ʒ/ en las trascripciones andalusíes se representa indistintamente como como G o I. Al no poder usar esas letras sin crear ambigüedad, optamos por el dígrafo GI, en consonancia con la representación de /ʎ/ (LI) y /ɲ/ (NI). Aún así, su aparición en romance andalusí se reduce a muy pocas palabras

 

/ts/ fue indistintamente Z o TZ. En El Principito diferenciamos /z/ como Z y /ts/ como TZ

 

En los primeros años de vida de las lenguas romances aún no se había diferenciado gráficamente U de V, por lo que U ante vocal podía leerse /w/ o /ɸ/. Para evitar la ambigüedad, los andalusíes escibían /w/ como UU (al igual que en castellano y francés se colocó una H ante la U para que no se pudiera leer como una V). Hoy en día creemos que sería más problemático de leer UU/U que U/V, por lo que hemos “actualizado” la escritura. No hay ambigüedad hoy en día en utilizar U para reflejar /w/ pero como hemos visto, usar W (UU) sería una opción igual de histórica

 

Es sorprendente que el sonido /g/ siempre se escribiera con la letra G, incluso /ge/ y /gi/. No lo decimos sólo porque en Hispania se pronunciaran /je/, /ji/, sino porque esta evolución ya se había producido en latín hacía casi un milenio. Suponemos que al tratarse de trascripciones, calcaban que en árabe una letra no cambia de sonido según la vocal a la que acompañe

 

Sólo hemos añadido tilde a las palabras agudas y esdrújulas. De no aparecer, la palabra es llana

 

Otra de las "rarezas" andalusíes fue ser el único romace occidental que mantuvo las consonantes dobles latinas. Esto es especialmente destacable en LL, que siempre se pronuncia L-L y no como en castellano

 

Los andalusíes, al menos en una fase temprada, debieron entender algunos fonemas árabes como alófonos, puesto que no los diferenciaron gráficamente:

 

/tˁ/ era alófono de /t/ /ðˁ/ era alófono de /z/

/ħ/ era alófono de /h/, a veces también lo era /x/

/ð/ era alófono de /d/ /q/ era alófono de /k/

 

Los únicos fonemas a los que se le buscó representación propia en las trascripciones latinas fueron /θ/ y /x/ (la “z” y “j” castellanas respectivamente). Se representaron TH y CH, aunque muchas veces /x/ se entendió como una “h” fuerte (como pasa hoy en día en los préstamos del castellano al inglés). De todos modos, no hemos encontrado arabismos en romance andalusí con /θ/.


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